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Una historia en cada imagen

 

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Primera fotografía arriba a la izquierda. Sentado contemplando mi reflejo en tanque del acueducto de Fredonia, en la vereda el Uvital. foto tomada por Javier Velásquez M.

Aquel día, como olvidarle, iba en caminada de amigos,bajando por el camino de herradura que conduce a la vereda El Plan cuando fuimos asaltados por un hombre enmascarado que  portando una escopeta, me robó un radio transistor Sanyo, fabricado en Japón con funda de cuero color café, que tenía además una correa de cuero para cargar.

Segunda fotografía arriba a la derecha. maratón en Fredonia, corriendo alrededor de las 16 manzanas del pueblo,  el deporte es y ha sido mi gran pasión, desde muy joven practiqué el atletismo, me gustaba especialmente el atletismo de largo aliento,  En la foto reconozco a uno de mis eternos rivales en la carretera: Gabriel Giraldo , mis otros contendores, eran Ignacio Posada, Amado Salazar, Francisco Luis Restrepo (fallecido) Hernando Hurtado Monsalve  y Mauro Toro quien vivía en la vereda El Cerro y fue asesinado cuando un día hacía el recorrido al pueblo. También están en la foto Augusto Díaz (fallecido), Augusto Ramírez y Jaime Henao.

Generalmente íbamos a Venecia , nada más y nada menos que 13 kilómetros, cuando llegábamos al pueblo pasábamos por la piscina, nos dábamos un chapuzón y regresábamos, sumando así 26 kilómetros. Algunas veces corríamos de Fredonia a Camilo C.  una distancia similar, o Fredonia Puente iglesias, 25 kilómetros de carrera, el regreso los hacíamos en la “línea” o el lechero. que llamábamos.

Los entrenamientos cotidianos eran ir al kilómetro el Cinco, o a la vereda el Zancudo. De ir y venir a esta vereda contraje una TBC, que es posiblemente la enfermedad infecciosa más prevalente en el mundo, esta enfermedad mermó mi capacidad pulmonar; mi última competición ocurrió en los intercolegiados de 1964, cuando estudiaba en el liceo de bachillerato de la Universidad de Medellín, en el barrio Buenos Aires. en esta ocasión participé en una prueba de 1.500 metros, que no era mi distancia favorita y ocupé un modesto lugar; el profesor de educación física nos entrenaba a los estudiantes del liceo por la carretera a Media Luna, que era la vía de salida en ese entonces al oriente antioqueño, de esa ruta tengo como anécdota, que la primera vez que hice el tramo acababa de llegar de mi pueblo y estaba muy ducho para la escalada, tomé la punta y logre una ventaja considerable y cuando llegué a la meta, me sorprendí al darme cuenta que los demás competidores habían llegado, el profesor los había metido por un atajo. Luego me felicitó por mi condición  física y dijo: “te voy a llevar a los intercolegiados, le habías cogido a los muchachos una distancia bárbara” y así fue.

En este Liceo estudié con Luis Anibal Arango Cárdenas,  (fallecido)   y un joven al que le decíamos “payaso”, lo menciono porque me impactó su muerte en New York  donde viajó luego de terminar el curso.. Pereció en el crudo invierno de la navidad de 1964, lo cogió una tempestad de nieve y no tuvo donde resguardarse, lo encontraron congelado.

Mucha tristeza me quedó,  como a otro grupo de estudiantes que realizaron sus años de bachillerato en el Liceo Universidad de Medellín, cuando la dirección de la Universidad, ordenó el cierre de la institución educativa a principios del año 2010, por la falta de demanda, éste era un liceo privado y alrededor de la comuna de Buenos Aires el gobierno municipal impulso la creación de colegios oficiales. En Facebook existe una página de contacto para  egresados de la institución educativa.

Las fotografías siguientes corresponden a un paseo a Cartagena, donde poso con una chica cuyo nombre olvidé, al lado del Monumento a Los Zapatos Viejos, en honor al poema  del tuerto López cuyo nombre completo era el de  Luis Carlos López, colombiano nacido en 1879 y fallecido en 1950, es el poema más conocido de este poeta reconocido  un bardo fuera de serie.

Fuente : El Mundo.com  goo.gl/DF9TOJcontent_copy

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Los Zapatos Viejos

 

Noble rincón de mis abuelos: nada
como evocar, cruzando callejuelas,
los tiempos de la cruz y la espada,
del ahumado candil y las pajuelas…

Pues ya pasó, ciudad amurallada,
tu edad de folletín… Las carabelas
se fueron para siempre de tu rada…
¡Ya no viene el aceite en botijuelas!

Fuiste heroica en los tiempos coloniales,
cuando tus hijos, águilas caudales,
no eran una caterva de vencejos.

Mas hoy, plena de rancio desaliño,
bien puedes inspirar ese cariño
que uno le tiene a sus zapatos viejos…

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Por último están mis fotos de identificación y mi carnet de estudiante del Liceo de Bachillerato de la Universidad de Medellín.

 

 

Haciendo memoria de mis actividades en los años sesenta

Memoria de mis actividades turísticas y deportivas.

 

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